REVISTA PERUANA DE INVESTIGACIÓN EDUCATIVA

2022, No. 17

ISSN: 2077-4168

 

Reseña: Cuenca, R. (2020). La misión sagrada.

Seis historias sobre qué es ser docente en el Perú.

Instituto de Estudios Peruanos

 

 

Paola Yerovi Verano

paola.yerovi@upch.pe

 

Recibido: 20/12/2022

Aprobado: 27/12/2022

 

Para Asunción, su trabajo es lo más importante: ella ha dedicado su vida a enseñar. “A mucha honra”, dice, es maestra como lo fue su madre. Georgina es natural de Huánuco y es profesora nombrada desde 1984. Empieza su rutina a las seis y media de la mañana, y termina a la una, en la madrugada: “Como mujer, tenemos doble trabajo”, declara. A Laura le encanta ser maestra; para ella, es “un sacrificio maravilloso”. Trabaja en una escuela pública en la zona norte de Lima y se siente muy orgullosa de sus estudiantes, de “sus chicos”. Manuel dice haber pasado “desapercibido” cuando fue escolar; tuvo algunas decepciones con sus profesores. Sin embargo, se desempeña como docente, como algunos de sus hermanos, aunque cree que sus alumnos lo perciben como estricto, como “malo”. Mariela es de Puno y siempre fue la “profe choche” de sus estudiantes; esto no les gustaba mucho a sus colegas. Recuerda con admiración a su profesora de danzas del instituto: “Cambió de repente mi vida”, confiesa. Finalmente, Mirtha. Ella tiene 50 años y su esposo es docente cesante; ahora él trabaja en un grifo, en Miami. Mirtha tiene como meta enseñar en una universidad, y agradece mucho el apoyo y motivación de sus amistades cuando ya se sentía muy cansada para continuar.

Asunción, Georgina, Laura, Manuel, Mariela y Mirtha son las1 seis docentes que Ricardo Cuenca entrevistó entre los años 2011 y 2012 con el objetivo de recuperar e incorporar sus voces en el debate sobre la identidad profesional docente desde una perspectiva teórico-conceptual diferente a la tradicional. Con un enfoque biográfico-narrativo, Cuenca apostó por el relato como vehículo para comprender, desde la individualidad, un hecho educativo. La elección por el método de estudio se justifica en el valor de los relatos de vida (life stories) en tanto las narrativas de los sujetos reflejan características y condiciones del contexto en el que se desenvuelven, es decir, el lugar desde donde construyen su identidad. Esto supone una convicción: que “la identidad profesional docente no se da en el vacío” (p. 16).

Cualquiera que busque profundizar en la investigación sobre la profesión docente debe guiarse de este libro2. Cuenca busca comprender cómo los docentes construyen su identidad profesional en torno a tres conceptos: trabajo, vocación y reconocimiento. Asimismo, indaga sobre distintos momentos-hitos de la vida de las entrevistadas, como el contexto familiar en el que nacen y crecen; sus experiencias como estudiantes, tanto en la escuela como en su formación docente; su relación con parientes, amistades y colegas; las dificultades que han atravesado; etc. Desde las narrativas que Asunción, Georgina, Laura, Manuel, Mariela y Mirtha le ofrecen, Cuenca construye relatos que plasman y transmiten, con mucho respeto y tino, las trayectorias y experiencias de vida de las docentes, quienes, cada una a su manera, y con sus particulares emociones, miedos, anhelos y frustraciones, constituyen testimonios que representan el ser docente en el Perú.

Si bien el estudio se enfoca en la construcción de la identidad profesional docente peruano, Cuenca aporta también una extensa e importante revisión de las investigaciones relacionadas a identidad profesional, la cual define como una categoría compleja. Particularmente, aborda este concepto desde una perspectiva que contempla los drásticos cambios que se han dado social y culturalmente en los últimos tiempos tanto a nivel nacional como mundial, los cuales han transformado la identidad profesional de los docentes ineludiblemente. La globalización, la estandarización de la educación, las nuevas metodologías pedagógicas, la búsqueda de prácticas más horizontales, entre otras tendencias de una educación más moderna han trastocado el quehacer docente como se venía concibiendo. Con el afán de capacitar y preparar a los maestros para los desafíos de esta nueva educación, el trabajo docente se vuelve más intenso y “sacrificado”. En Perú, por ejemplo, con las últimas reformas educativas, los docentes están obligados a seguir una serie de capacitaciones y son evaluados constantemente, lo que afecta directamente su tiempo y vida personal. Cuenca señala que, si bien se está buscando mejorar el desempeño docente mediante este tipo de medidas, poco se toma en cuenta cómo el docente construye su identidad en este proceso de vertiginosos y confusos cambios. ¿Tiene el docente el tiempo para reflexionar?

En ese sentido, el libro también aborda la importancia de los procesos reflexivos en la práctica pedagógica. En definitiva, los estudios recomiendan institucionalizar espacios de reflexión entre docentes para que puedan intercambiar ideas, experiencias y, sobre todo, darse el momento para cuestionar(se). Para ello, no solo necesitan tiempo, sino voluntad de reflexión, la cual no es una actividad que está priorizada o promovida en las nuevas políticas educativas. En efecto, estas se enfocan en cómo el docente debe ser y no en cómo es. Como comentó Natalia González en la presentación del libro a cargo del IEP, “estas políticas públicas se fueron elaborando pensando más en los docentes que queríamos tener, en los docentes que necesitábamos tener para hacer más sólidos los cambios en el sistema educativo, y no siempre pensando en los docentes que tenemos efectivamente laborando en nuestras escuelas”3.

Cuenca sostiene que la identidad docente está en crisis, “debido al choque entre la idea del profesor ideal y la imagen del profesor real” (p. 49). En este punto, cabe destacar la taxonomía que él presenta de distintos tipos o “ideas” de docentes: el técnico, el reflexivo, el intuitivo, el crítico, el proletario, el burócrata, el semiprofesional y el apóstol. No es que los docentes seamos uno de ellos, o todos a la vez, sino que, como señaló Guadalupe, “son distintas camisetas, que se sobreponen unas a otras, y que van variando de acuerdo al contexto”4. Esto se explica en el carácter cambiante y dinámico de la identidad, la cual se construye y reconstruye constantemente en la práctica docente.

Pese a la difícil situación que enfrentan los docentes, Asunción, Georgina, Laura, Manuel, Mariela y Mirtha dan muestras de sentir orgullo por su trabajo. El orgullo tiene origen, principalmente, en el reconocimiento de los otros por su labor, y en la satisfacción de ver o encontrarse con un estudiante que lo logró. Ellas —porque son sobre todo las mujeres— le dan sentido a su trabajo en función a su finalidad; Laura dice que “su trabajo es muy valioso, porque es una profesión que ayuda a las personas a superarse, a ser mejores en la vida” (p. 131). Sin embargo, para Laura también es importante que reconozcan su esfuerzo; así como las otras, construye su identidad profesional docente junto con la idea que los otros construyen sobre ella como profesional.

Como se mencionó anteriormente, el reconocimiento, el trabajo y la vocación son los tres ejes conceptuales que analiza Cuenca a partir de los relatos. Para él, estos tres son elementos que constituyen la construcción de la identidad profesional, los mismos que están en constante interacción. Hacia el final del libro, él confiesa haber encontrado un factor que hila a estos tres elementos, casi que los permite dinamizarse para tejer, así, la identidad docente; este factor es —innegablemente— la afectividad. Asunción dice haber nacido para ser maestra; su papá le leía libros y a su mamá le encantaba redactar. Con cariño, recuerda a una profesora que la impactó cuando era niña: “Tenía un aura, algo que llamaba… Y que hacía que uno la quiera sin antes conocerla”. A Georgina le gusta ayudar a los demás. Describe a su profesora de primaria, quien les enseñaba con la pizarra dividida para cada grado; si bien era autoritaria, la recuerda con mucha alegría. Para Laura, ella no solo es maestra para sus estudiantes, sino también una amiga y hasta una segunda madre. Valora mucho a su profesora Pati de cuando estudiaba en la primaria, aunque a veces se aburría en clase. Manuel, a pesar de haber empezado a enseñar desapercibidamente, fue sintiendo “el bichito de querer servir” y de ayudar a los demás. Si bien no guarda buenos recuerdos de su etapa escolar, él decidió formarse como profesor cuando se dio cuenta de que había logrado “algo bueno, algo positivo”, lo que le generó mucha satisfacción. Mariela tiene un hijo con síndrome de Asperger; una psicóloga le dijo: “Bien eres madre, o bien eres maestra”. Al momento de la entrevista, trabajaba como asesora pedagógica, pero confiesa extrañar el aula, a los niños: “Tengo corazoncitos que me llaman”. Finalmente, Mirtha cuenta haber tenido una profesora “que le enseñó a no tenerle miedo a nada”; la querían mucho. Sus profesores le enseñaron valores, el amor al arte y la importancia de visitar la biblioteca.

Así, el factor emocional está presente en los seis relatos. La idea del trabajo como sacrificio; de la vocación, como llamado o misión divina para servir; y del reconocimiento del otro (y del sistema), como la curita final que necesitan para darle sentido a su labor son constantes en los testimonios. Las páginas del libro no alcanzan para poder abordar todos los temas relacionados al problema de la crisis de docente que se desprenden de la investigación de Cuenca, y menos alcanzan las páginas de este texto para darle la importancia que merece a cada uno de ellos. No obstante, a través de las historias de vida de Asunción, Georgina, Laura, Manuel, Mariela y Mirtha, podemos sentir de cerca sus preocupaciones, frustraciones y, sobre todo, sus más profundas motivaciones. La vocación docente, ellas dicen, es real; es lo que te hace buen profesor. El sacrificio es parte de lo que su vocación les designa, y lo aceptan con humildad y dignidad. El reconocimiento es lo único que tienen.

Acceder a conocer historias como estas es un privilegio; leerlas y no vivirlas, también. Sin duda alguna, los y las docentes merecen mejor reconocimiento por parte de la sociedad y del sistema, así como mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. Para ello, como concluye Cuenca, es necesario que ellos y ellas participen directamente de los diálogos y acuerdos que se tomen para las futuras políticas públicas educativas. Esto no es posible si no se promueven espacios de reflexión ni siquiera en sus centros de trabajo, si no se les da el tiempo. En ese sentido, las entrevistas que Ricardo Cuenca hace a Asunción, Georgina, Laura, Manuel, Mariela y Mirtha son espacios de reflexión en sí mismos, lo que contribuye directamente con cómo ellos construirán su identidad profesional como docentes a partir de la experiencia de haber sido entrevistados y, por lo tanto, interpelados. Inevitablemente, esto también le pasará al lector.


1. El autor decide usar el femenino porque cinco de seis entrevistadas fueron mujeres.

2. Se basa en la tesis doctoral del autor: “La misión sagrada. Un estudio sobre la identidad profesional de los docentes” (2015).

3. Natalia González fue comentarista en la presentación del libro llevada a cabo el 2 de diciembre del 2020 vía Facebook del Instituto de Estudios Peruanos. El video completo se puede encontrar en el canal de YouTube del IEP en https://www.youtube.com/watch?v=BMrSSVJ8EY8

4. César Guadalupe también fue comentarista en la misma presentación.